Durante años, cuando una empresa quería mejorar su visibilidad en Internet, una de sus principales preocupaciones era aparecer entre los primeros resultados de Google. Hoy seguimos buscando en Google, pero algo está cambiando.
Los propios buscadores incorporan respuestas generadas mediante inteligencia artificial y cada vez es más habitual preguntar directamente a una IA por una empresa, un servicio, una solución técnica o información sobre un tema determinado.
Ya no siempre recibimos una lista de enlaces. Podemos recibir una respuesta redactada en lenguaje natural, construida a partir de información localizada en diferentes fuentes. Y esto tiene implicaciones para cualquier empresa que publique contenidos en Internet, especialmente si trabaja en varios idiomas.
SEO, AIO, GEO… ¿tenemos que aprender nuevas siglas?
En los últimos tiempos han aparecido conceptos como AIO (AI Optimization) o GEO (Generative Engine Optimization) para hablar de cómo conseguir que los contenidos puedan ser encontrados, comprendidos y utilizados por sistemas de inteligencia artificial.
Pero esto no significa que el SEO haya dejado de tener sentido. La base continúa siendo prácticamente la misma: disponer de una web bien estructurada, técnicamente correcta y, sobre todo, con contenido útil, relevante, claro y fiable.
Lo que cambia es la manera en la que ese contenido puede llegar hasta nosotros. Antes, el objetivo principal del posicionamiento era conseguir que alguien encontrara nuestra página y entrara en ella. Ahora también debemos contemplar que una IA encuentre esa información, la interprete y la utilice para elaborar una respuesta.
La IA no tiene por qué repetir lo que hemos escrito
Este es uno de los cambios más interesantes. Cuando una IA utiliza información publicada en diferentes fuentes para responder a una pregunta, no tiene necesariamente que reproducir literalmente las frases que aparecen en ellas. Puede interpretar diferentes contenidos, relacionarlos y generar una respuesta nueva en lenguaje natural. Esto hace todavía más importante que la información que publicamos sea clara, precisa y coherente.
Una descripción ambigua de un servicio, diferentes formas de denominar un mismo producto o una explicación excesivamente genérica pueden dificultar la correcta interpretación de lo que hace una empresa. Y si esto ocurre en el idioma original, el problema puede multiplicarse cuando tenemos una web en cuatro o cinco idiomas.
Traducir las palabras ya no es suficiente
Aquí es donde la traducción vuelve a tener un papel fundamental.
Imaginemos una ingeniería que explica perfectamente en castellano su experiencia en automatización industrial, instalaciones llave en mano y mantenimiento de líneas de producción. Su web inglesa también contiene esa información, pero fue traducida literalmente hace varios años y utiliza expresiones que no son las habituales entre los profesionales de ese mercado.
La traducción puede ser correcta y, sin embargo, no estar expresando el conocimiento de la empresa de la forma más adecuada.
Esto ya era importante para las personas y para el posicionamiento tradicional. Ahora lo es todavía más porque esos contenidos pueden convertirse en la materia prima con la que un sistema de IA interpreta qué hace esa compañía y construye una respuesta para un usuario.
Cada idioma necesita su propia adaptación
Una estrategia internacional no debería consistir en trabajar cuidadosamente el contenido y el posicionamiento en castellano y después trasladar literalmente ese resultado al inglés, francés o alemán.
Las personas no buscan necesariamente de la misma manera en distintos idiomas. Utilizan otra terminología, plantean las preguntas de forma diferente y pueden emplear expresiones específicas de su sector o mercado.
Por eso, cuando se actualizan los textos de una web para mejorar su visibilidad, esas modificaciones también deben revisarse y adaptarse en los demás idiomas. No se trata de traducir una lista de palabras clave. Se trata de conseguir que el conocimiento de la empresa pueda expresarse de manera natural, precisa y reconocible en cada idioma.
Escribir para personas sigue siendo la prioridad
Podría parecer que ahora tenemos que empezar a escribir pensando en las máquinas. Creemos que sería un error.
Si algo caracteriza precisamente a los nuevos sistemas de búsqueda mediante IA es su capacidad para interpretar preguntas formuladas de manera natural. Por eso, probablemente cobre todavía más importancia explicar bien las cosas: Qué hacemos, para quién, en qué sectores tenemos experiencia, qué problemas resolvemos, qué diferencia un servicio de otro, qué conocimiento especializado podemos aportar, etc.
Un contenido claro y bien estructurado ayuda a quien visita nuestra web, pero también facilita que los sistemas que procesan esa información comprendan mejor su significado.
La misma empresa debe poder entenderse en cualquier idioma
Para una empresa internacional, el verdadero reto no consiste en perseguir cada nueva sigla que aparezca alrededor de la inteligencia artificial. Consiste en algo bastante más sencillo de explicar, aunque no siempre sea sencillo de conseguir: que su conocimiento sea igualmente claro, preciso y reconocible en todos los idiomas en los que trabaja.
Si modificamos nuestros contenidos para responder mejor a las nuevas formas de búsqueda, esas mejoras no deberían quedarse únicamente en el idioma original. También habrá que revisar cómo trasladamos los conceptos, la terminología, las preguntas y las respuestas a los demás mercados. Porque los buscadores cambian, las herramientas cambian y seguramente dentro de unos años hablaremos de nuevas tecnologías y nuevas siglas.
Pero hay algo que permanece: para que una persona —o ahora también una IA— pueda interpretar correctamente lo que hacemos, primero tenemos que explicarlo bien. Y si trabajamos internacionalmente, tenemos que explicarlo igual de bien en todos los idiomas.

Beatriz Pascual
Correctora Profesional, Lda. en CC. de la Información
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